Friday, December 07, 2007

Adiós a un grande



Ayer murió un gran hombre, un gran maestro que nos dio mucho a mí y a incontables generaciones de Letras Inglesas en la UNAM. Mr. Colin White Muller fue uno de esos profesores que hacen época y escuela, y a los que siempre tendremos que recordar. Desde ayer que supe de su muerte y acudí a decirle adiós, no he podido dejar de pensar que existen pocas personas que tienen tan claros como él sus objetivos en la vida. Ese hombre era un maestro, y profesionalmente, no le interesaba ser otra cosa más que eso. A su manera, era un Sócrates moderno que despreciaba la publicación de tonterías en revistas, y mucho más cuando lo que estaba en juego eran puntos para el SNI o cualquier cosa que se le parezca. Bueno, quizás no era un Sócrates, porque su relación con la filosofía era un poco tortuosa como me lo confesó. Me lo imagino más bien como Homero, como Milton, como Wordsworth, o mejor aún, como un trovador itinerante que va llevando de forma oral la gloriosa poesía del pasado.

Como he podido ver en numerosos blogs donde se habla de él, yo no lo conocí tan a fondo. Desafortunadamente, no puedo decir como otros que pasé con el las navidades y que me enfrasqué con él días y días en profundas discusiones. Yo "sólo" tuve el privilegio de tenerlo un año en un salón donde nos regañaba por conformarnos con tan poco, nos alentaba con ironías y sarcasmos a cambiar el mundo y a leer desafordamente. Su voz aún resuena en su mente leyendo a Keats, a Wordsworth -por él, amo a Wordsworth con fervor- a Shelley, a Coleridge...Leímos Wuthering Heights, leímos Middlemarch, y algunas novelas de Jane Austen y Dickens. Era difícil leer todo lo que nos dejaba leer, en especial para mí con tan variopintas actividades, pero me quemaba las pestañas para hacerlo. Leía lo suficiente para darme cuenta de que mi lectura era pobre en comparación con la de él y que él veía cosas en las obras muy lejanas a las que el ojo común puede apreciar. Recuerdo también lo orgulloso que me sentí cuando me vio con escepticismo una vez y me dijo: "éste es el mejor trabajo del grupo, pero para tu información, ¡no me llamo CoLLin, sino Colin! Los que estuvieron en el salón conmigo todavía recuerdan mi espanto ante ese gran aspaviento.

Pocos espíritus como Colin White. Pocas personas leen como si les fuera la vida en ello. Es algo que se tiene o no se tiene. Cuando descubres que existe alguien así ya no te sientes sólo en el mundo. Hay una hermandad que sólo las letras pueden crear y de la que me siento más próximo por el sólo hecho de haberlo oído recitar los más bellos versos escritos en inglés. Un recuerdo, en verdad, invaluable.

Un día, ingenuo de mí, fui a agradecerle todas estas cosas a su casa, ya que me enteré que vivía cerca del buen Cava. Quise ir a platicar con alguien que me había dado tanto, y en vez de eso, salí regañado, criticó todas mis ideas, las defendí, las volvió a criticar, criticó al mundo, a la sociedad y a la apatía. Sentí en un momento que era una diatriba personal pero después, algunas semanas después, comprendí que con gran cariño había prestado atención a todo lo que decía, mucha más atención de lo que el común de la gente me ha prestado en toda mi vida. Alguien que se limita a solaparte tus gracias no te quiere, y eso él lo sabía. Querer a alguien es poderlo refutar por su bien.

Gracias por todo esto. Descanse en paz.

8 comments:

Guillermo said...

Vaya.
Un abrazo para ti.

Eliud Delgado said...

Yo tome la HL del siglo XIX con Mr. White. Alguna vez pude platicar con él. Lo vamos a extrañar mucho, nos dejo muchas cosas. La facultad no es la misma sin él.

Saludos

Alejandro said...

gracias por hacernos parte de esto

Intergalaktea said...

Las enseñanzas que un gran maestro deja, nunca se olvidan. Vivirá en tí todo lo que te dió. Y tienes toda la razón en decir que cuando se quiere se refuta por el bien del otro.

Abrazos también.

Diana said...

Y vaya que fué grande, tal vez muchos no entiendan lo que significa para cualquiera de sus alumnos su pérdida. Yo tampoco puedo presumir de haber sido una de sus más cercanas amigas, pero las pocas que veces que cruzamos palabra, las pocas veces que se dirigió a mí, en broma o en serio gritando Read!, o sus críticas respecto a mi gusto por la ópera francesa son cosas que atesoro en el alma. Para mi, como para muchos, él fué una gran influencia y nunca nunca lo voy a olvidar. Un abrazo solidario.

Ernesto said...

Gracias por compartir esto. A sí me pasaba con él, lo iba a ver y siempre salía regañado. Pero eso era, ahora sé, puro amor. Concluyes bien en tu texto; confirmo que Colin era "siempre" (con todos y todas) el mismo, las visiones sobre él, sin importar que tan "cercanos" hayamos sido, coinciden.

Qué gran legado deja Colin.

Anonymous said...

Colin White Muller conoció a Irwin McKane

PSYLOCKE said...

Solo queda decir Que Descanse En Paz.


Nosotros somos los pròximos...

Hasta que el destino nos alcanze.